Nos hemos despertado con la noticia de una nueva crisis mundial. Algo que para mi generación, que nació en medio de la crisis y no ha conocido otra cosa, ya no es novedad.

Me acuerdo de la crisis argentina del 2001 y un esténcil que ocupaba todas las paredes de Buenos Aires: se cayó el sistema. Me acuerdo de la crisis financiera de Asia en 1997 y de la crisis por la llegada de los países ex socialistas en 1991. Me acuerdo de la crisis mexicana de 1994 casi un año después de haber entrado en la fantasía del mercado global. Me acuerdo de las crisis financieras de los ochenta y de la crisis mexicana del petróleo y la caída del peso y la deuda externa de los países subdesarrollados. No me acuerdo de la crisis de 1976, el año en que nació mi hermana.

Pero recuerdo otras cosas. Recuerdo, por ejemplo, la ligereza con la que los estadistas y los banqueros buscan cada diez o doce años nuevas denominaciones para entender sus desplomes, para nombrar sus engendros: Efecto Tequila, Efecto Capirinha, Efecto Arroz, Efecto Jazz. Los recuerdo porque se repiten en los noticieros al ritmo de los comerciales. Siempre he percibido un humor agresivo en esas denominaciones, al menos si pienso en los efectos reales de la crisis en aquellos que perdieron todo y fueron expulsados de sus casas, aquellos que pensaron seriamente en tirarse del quinto piso y se tiraron. Esos nombres, tan fríos como las estadísticas, sólo tienden a ocultar la verdadera dimensión humana y trágica de las derrotas cíclicas del capitalismo.

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También recuerdo haber escuchado algunas historias. Como la de aquellos desempleados de la depresión del 29 que comenzaron a vivir en las cuevas de Central Park. “Let’s go to the caves. Unless they’re closed”. O la historia de todas esas casas hipotecadas en Estados Unidos, que de pronto se quedaron sin dueño y pasaron a manos de los bancos (y que nadie tiene dinero para comprar o rentar). Ahora esos inmuebles son habitados temporalmente por familias desahuciadas (que también perdieron sus pertenencias) para mostrarlas a los posibles compradores. Mientras los niños van a la escuela, la señora y el señor de la casa se dedican a mostrar a los clientes lo bien que se vive ahí, lo felices que podrían ser con ese porche y esa vista al jardín, casi tan felices como ellos mismos, si fueran los dueños reales. Pero el señor y la señora sólo son empleados de la casa (es decir, del banco al que deben dinero) y habitan ahí provisionalmente. Miran una tele que no les pertenece, lavan trastes que no pueden romper, estornudan en un ambiente prestado. Porque eso, el aire, el ambiente, la sala y el porche, es lo que prestan ahora los bancos, ya que se quedaron sin créditos y sin liquidez. Ahora hipotecan la vida cotidiana. O tal vez eso es lo que han hecho siempre. Porque todo en ese bienestar sigue siendo tan ficticio, simulado y precario, como lo era antes de la crisis, pero después del crack de la Bolsa vivir en una casa prestada es mejor que vivir en la calle.

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1816, 1825, 1836-37, 1847, 1857, 1866, 1873, 1893, 1896, 1929 (para llenar el paréntesis, lea el primer párrafo de esta interrupción) y así llegamos a 2009. Tal vez la crisis no sea más que una forma de gobernar.

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¿Y qué pasa con la escritura en la crisis? Es difícil (es incómodo) escribir de la misma manera. Más que una recesión, lo que presiento es una grieta. Algo que atraviesa y descompone cualquier posibilidad de seguir adelante (por el mismo rumbo). Una interrupción de la línea narrativa o discursiva. “Una interrupción de la línea oficial” (Jimmie Durham)

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in other words: escribir en otras palabras        una escritura de corta y pega          cruzada por fragmentos heterogéneos          nerviosa como un sismógrafo         siempre incompleta          sin principio ni fin           una escritura frágilmente hilvanada por el estupor          desbocada          perforada          llena de huecos (como la realidad)          un compendio de lecturas inestables que duran apenas un minuto en el monitor          textos encontrados al azar         extraídos de los periódicos en línea         de los noticieros          de las movilizaciones mundiales         de las frases subrayadas y las pláticas de a pie          de los panfletos que no se han escrito          un registro en bruto de los descontentos          sin tachaduras ni correcciones          sin vuelta atrás          el rastro desdibujado de las páginas que abrí en el servidor hace un año o hace unos días           todo excesivo y contingente          una bitácora de la(s) lectura(s) en crisis          con imágenes de terror

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(a partir de aquí, lea en voz alta, sintonizándose en el cuadrante de los noticieros vespertinos, cuando aparece la chica en minifalda del sistema meteorológico)

ahora         (marque las opciones correctas)          a) Estados Unidos           b) Islandia         c) Grecia           d) España          e) Italia         están en crisis         (y el planeta tiembla)         ahora comienzan        a) las medidas de austeridad          b) los despidos masivos          c) la privatización de hospitales          d) la cura por vía de la enfermedad          ahora los banqueros y los empresarios          (guerreros del libre mercado)          parecen haberse vuelto repentinamente         a) marxistas         b) keynesianos          c) amigos de la Fundación Roosvelt          d) cínicos          y suplican que los rescate su némesis: el Estado          ahora todos vamos a pagar la crisis que provocaron         a) los prestamistas fraudulentos          b) la burbuja inmobiliaria          c) los operadores financieros sin escrúpulos         d) la superstición          (o sea, la ruptura entre el mundo material y el mundo simbólico)         ahora se desvanece el espejismo de vivir a crédito y los gobiernos nos inculcan al unísono la idea de que no hay nada más importante que adecuarse a lo poco          (en este caso sólo hay una opción)        es el himno de la crisis

pero          ¿puede el sistema financiero vivir en la austeridad?          ¿cómo seguirá adelante sin el atractivo que ejerce sobre los consumidores la promesa de una vida sin límites económicos          gastando siempre más de lo que hay en la cartera          más de lo que se podría pagar en esta vida y la siguiente?

(tal vez el karma sea simplemente eso: la perpetuación de la hipoteca)

en medicina, la crisis es el momento en que una enfermedad cambia bruscamente de rumbo          para curar al paciente o para agravarlo          ¿cuál será el curso de esta crisis?          tal vez algunos cambiarán su forma de vivir          otros sólo cambiarán de jefe          por uno peor          más imbécil          más prepotente          más negrero que el anterior          porque ahora la crisis se convertirá en el mejor chantaje para hacernos apurar el veneno          lo veremos muy pronto          entre los empleos clandestinos          mal pagados o temporales          entre los despidos a la carta y las horas extra no remuneradas, desaparecerán las garantías          las vacaciones          los salarios justos          los sindicatos          la jubilación

(o lo que quedaba de ellas)

y ya no habrá compensación alguna por consumir el presente en el largo trayecto del trabajo a casa

(para algunos no habrá ni siquiera regreso a casa          no habrá televisión ni tedio ni consumo ni propaganda ni día siguiente)

tenemos que trabajar aunque no nos paguen lo que se necesita para vivir          se queja Rhonda Wagner          ¿y quién es ella?          ella es una historia concreta en el expediente anónimo de la crisis         empleada estatal californiana de cincuenta y dos años, para mayores señas          desde hace un mes, cuando el Estado dispuso licenciar a sus trabajadores algunos días de la semana para reducir sus gastos, gana treinta por ciento menos dinero de lo que ganaba antes          no puedo comprar las cosas que necesito para alimentar a mi familia hasta fin de mes          pero antes tampoco era fácil y Wagner a duras penas pagaba sus cuentas          ahora que corre peligro de perder su vivienda, dice: voy a tener que robarle a Pedro para darle a Pablo

¡se abre la temporada de caza a los hambrientos!          este es el diagnóstico más lúgubre: para millones de personas la crisis es el momento de la resignación          el clima en que se acepta lo inaceptable          el señor y la señora Wagner (y también la familia Chaeng-Dong y los Hernández), por ejemplo, pensarán que es mejor ser explotados en el trabajo que no tener trabajo alguno          ¡es que es eso o nada!, se dirán por las mañanas para comprender su no-elección

como los muchachos del Instituto Benjamenta (en la novela de Robert Walser), los seres de la crisis se entregan a un profundo abandono          son los alumnos perfectos en el arte de la subordinación          nunca llegaremos a nada; la enseñanza que se nos imparte consiste sustancialmente en inculcarnos paciencia y obediencia          así habla Jakob von Gunten, un joven estudiante del Instituto que aprende a ser un hombre insignificante          en vez de formar individuos, el Instituto Benjamenta los disuelve: personajes anónimos          minúsculos          sin ideas personales          deambulan por los pasillos en busca de su propia humillación          ¿qué mejor lugar para los que se han persuadido de que no existe otra opción que la precariedad y terminan por querer voluntariamente lo que alguna vez se les impuso por la fuerza?          la ley con sus mandatos          las reglas con sus obligaciones          las muchas e inexorables prescripciones que nos impone la dirección y el gusto de seguirlas          eso es lo grande y no nosotros, los discípulos          en  fábricas y negocios, los empleados de la crisis también se dicen unos a otros: bueno, al menos tenemos empleo          ninguna turbulencia, ningún gesto de desafío vibra en su interior          todo en ellos es entrega, laboriosidad incesante         (incluso cuando no tienen nada que hacer)

leo con dolor de estómago (uno de esos dolores provocados por la risa) un reportaje en The New York Times sobre la simulación en el trabajo en tiempos de crisis:

para un transeúnte, la elegante tienda de ropa en la calle Mott Street (en Manhattan) parece un dechado de actividad          la supervisora Carolyn Bailey afina los detalles de la ropa de mujer en los escaparates          cambia montones de suéteres perfectamente doblados          espacia los ganchos a un dedo de distancia                   debate con avidez (por teléfono) con un superior sobre cómo coordinar los atuendos          aunque parece intensamente atareada, sólo crea la ilusión de estar trabajando          la tienda está vacía

(y de repente esta frase, de Bertrand Russell:
la moral del trabajo es la moral del esclavo)

no quiero que alguien del corporativo entre y vea que no estoy haciendo nada —dice Bailey— ; tengo que mantenerme ocupada a la vista de todos          tiene razón Jakob von Gunten cuando dice que los que obedecen acaban siendo la más perfecta copia de los que mandan

(una nueva          pero breve          interrupción: para reírme          es que la insensatez y la locura del hombre          (como decía Erasmo)          merecen grandes carcajadas)

en verdad que no hay nada más estúpido que fingir que se trabaja          ¡se invierte tanto trabajo en ello!          todo ese tiempo desperdiciado en la simulación se podría emplear en trabajar realmente          o mejor aún, se podría emplear en cualquier otra cosa          (flirtear          leer          resolver crucigramas           hacer listas          simplemente vegetar)           pero no          las personas se disciplinan en el nuevo arte de lucir ocupadas que tanto adoran los empleadores

desde luego          no había razón alguna para que el nuevo totalitarismo se pareciera al antiguo          ni censuras ni deportaciones ni encarcelamientos ni castigos ejemplares ni quema de libros           (por cierto: es obvio que nadie incinerará oficialmente este libro          a lo sumo los comentaristas lo calificarán de           insolente          sin concesiones          panfletario          picante          resentido          provocador           inadaptado          polémico          populista           desaliñando (¡todos esos espacios en blanco!) (¡y estos paréntesis!)          seguramente embaucador          monotemático incluso          y mis maestras de la primaria, que me tenían por una alumna ejemplar, se jalarán los pelos de la peluca cuando se los regale con dedicatoria          pero nada más          este libro nunca verá la pira          porque el silencio de los libros no atraviesa hoy por la censura, sino por la indolencia del mercado y de una sociedad anestesiada)          un Estado realmente eficaz (escribió Huxley) sería aquel en el cual los jefes pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre          inducirnos a amarla es la gran tarea asignada a los Institutos Benjamenta de la Crisis          a los analistas financieros de la TV         a los directores de periódicos          a los maestros de escuela y a un ejército compacto de plumas domesticadas que nos llaman a caminar en sentido contrario al de Bartleby (el oficinista que  prefería no hacerlo), para lanzarnos ahora a los brazos de nuestro empleador          ¡trabajar más y cobrar menos es la fórmula de la reconstrucción!           ¿no los han oído a todos ellos hablar a diario sobre la urgencia de una nueva reforma laboral?          aumento en la edad para el retiro          jornadas más largas          disminución de días feriados          desaparición metódica de los colectivos (sindicatos, asociaciones, cooperativas)          evaluaciones trimestrales para conservar el puesto          capacidad de adaptación al cambio          menos gastos médicos          outsourcing         ¡y eso no va a cambiar!, sentencia Milton Friedman (que es como el director con látigo del Instituto  Benjamenta) en The New York Times          los profesionales necesitan un equipamiento mental enteramente nuevo: el viejo paradigma del ascenso en una escalera profesional sólida ya no existe…           ya ninguna carrera es segura

esa es la lección que nos invitan a repetir a coro todos los días en nuestras escuelas del desconsuelo: no hay alternativa al mundo actual

(recuerdo ahora uno de esos chistes que cuenta mi padre los domingos a la hora de la comida familiar: en estos días, los mercados presionan a Yahvé para hacer del Sabbath un día laborable)

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por la mañana le escuché decir a un locutor de radio, en tono de reivindicación:               le toca al primer mundo ajustarse el cinturón y reducir el Estado de bienestar, como nos exigieron a los latinoamericanos durante las crisis de los ochenta          antes me indigestaban          pero ahora me encanta escuchar a los analistas financieros           resultan muy ilustrativos         adaptarse y colaborar: esos son los únicos recursos para sobrevivir a un sistema que se ha declarado a sí mismo como imperecedero          por eso, en oficinas y fábricas, los asalariados llegan a sentir incluso (como Jakob y sus condiscípulos) que el hombre que los azota tiene un gran corazón          ¿no es aquí a donde querían llegar los apologistas del empleo?

(ahora un poema de Charles Simic, “El jefe contrata”:
quiero un hombre que no tenga nada que ganar
quiero que su cara diga: no hay más que perder
quiero ver, por sus manos,
que las horas no le importan,
que continuará trabajando,
que la paga nunca será justa)

la crisis es una técnica de repetición que termina convenciéndonos de que el trabajo y el consumo son la única salida a la encrucijada de la crisis que consiste en falta de trabajo y descenso en el consumo

(ahora un anuncio de nuestros patrocinadores)

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mientras tanto:           los filántropos de la industria (los dueños de las maquiladoras de China          Corea           Singapur          Tailandia          Guatemala          México)          aprovechan las presiones de la recesión          (Friedman habla de esto con regocijo)          para aumentar la productividad contratando mano de obra cada vez más barata          (y más dócil)          me pregunto cómo le dirán a sus obreros que a partir de mañana cada uno hará el trabajo de tres o cinco  personas          o si lo prefieren, pasen a la puerta trasera por su liquidación          me pregunto qué harán los que prefieran pasar a la puerta trasera          ¿saldrán con su liquidación?          ¿serán dos o tres?          ¿ninguno?          en la economía de la necesidad, la mayoría se queda trabajando hasta el amanecer          y así los dueños de la maquila logran reducir sus pérdidas y hasta mejorar su producción, evitando un resquebrajamiento mayor en una economía que pende de alfileres

(es medio día          no he ido a trabajar          nunca lo hago         y ahora escribo bajo un sol que me pega directo en la cara          es difícil escribir así          con este sentimiento de urgencia)

Telecom Foxconn Apple son los nombres de los nuevos benefactores universales          Telecom Foxconn Apple, apréndaselo de memoria

también recuerde este mantra: lo prioritario es reducir los gastos sin afectar los beneficios          no importa que la reestructuración forzada y las nuevas condiciones de trabajo en las grandes multinacionales provoquen súbitas olas de suicidio          ¿suicidio?          ¿dijo usted, suicidio?

hay señales de alarma en la fábrica de manufactura Foxconn (subcontratada por Apple, Dell, Nokia, Sony), luego de que se diera a conocer que diez empleados han atentado contra su vida, arrojándose de las ventanas o cortándose las venas dentro de las instalaciones de la fábrica, ubicada en la ciudad china de Shenzhen, donde han tenido que alojarse debido a sus extenuantes jornadas laborales          (en otras noticias)          un empleado de cincuenta y siete años de France Telecom decidió quitarse la vida por la mañana en un estacionamiento de la firma, quemándose a lo bonzo          (cable de último minuto)          el movimiento de espiral del infierno en el operador francés estuvo a punto de tener un nuevo capítulo, cuando un responsable de una agencia de Metz fue encontrado en el piso por sus colegas después de haber ingerido un coctel de barbitúricos          (y antes de irnos, unas palabra de la dirección de Telecom)          los suicidios no son causados por las condiciones de trabajo de la empresa, sino por problemas personales de gente depresiva

recuerde: la única responsabilidad social de los negocios es aumentar sus ganancias          (yes, my dearest Friedman!)          aunque          (después de todo)          esos suicidios colectivos tal vez sí importen           (empañan la imagen de la empresa)          y entonces los directivos deciden

1/ instalar redes alrededor de los edificios para evitar que los empleados se quiten la vida saltando por las ventanas          con éxito de acuerdo con los nuevos números de muertes

2/ no pagar grandes primas a las familias de los suicidas          uno de los empleados escribió que por eso se mataba

3/ contratar psicólogos para apoyar a la plantilla          es más barato que disminuir las horas de trabajo

4/ aumentar el sueldo de los obreros de 235 dólares a 295 dólares al mes, la tercera parte de lo que cuesta uno de los iPads que ellos producen y que no pueden pagar          (a eso le llamo acariciar el sufrimiento como a un buen perro)

si usted no quiere saber más           cambie de canal           haga click en su facebook          o deje de leer          las cosas se pondrán aún peores

evidentemente ninguna multinacional desea abandonar su puesto de heraldo de la muerte y el sistema financiero presiona para reconstruir su edificio sin modificar un centímetro los pilares que lo hicieron fracasar             ¿instaurar la Tasa Tobin que grava las transacciones internacionales?          ¡ni lo piense!          ¿acabar con los paraísos fiscales y controlar la especulación?          ¡de ningún modo!

los ejecutivos más prominentes de Silicon Valley se reúnen con el presidente de Estados Unidos para buscarle una solución a su devenir          (que es fatalmente también el nuestro)           y concluyen que por ahora lo mejor es que la cosa permanezca así (irrevocable) y que se sigan defendiendo las políticas económicas que mantienen a la mayoría de la población en la miseria          ¡más y mejores gadgets nos sacarán del atorón!

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la propuesta de Obama responde como un eco a la del general Eisenhower          para salvar la economía hay que comprar, ¡¡¡comprar lo que sea!!!!          de lo que se trata es de perpetuar el actual estilo de vida del ciudadano-consumidor a través de la sofisticación tecnológica         por siempre jamás…          todos los medios serán válidos para alcanzar este fin           no sólo los ya conocidos           (saturación de la propaganda,  jingles estandarizados, más y mejores necesidades creadas, imparable producción de valores empaquetados por la sociedad de consumo)          sino también los que se habían olvidado          por ejemplo: ¡el regreso del proletariado!          sí, oyó usted bien, el regreso multiplicado de esa franja de trabajadores cuyos salarios de hambre nos devuelven al siglo xix          ahora nos gusta decir: ¡ah! sí, en aquellos tiempos eran todos unos ojetes abusivos, qué horrendos días aquellos          ¡pues también en estos días!          nuestra insaciabilidad necesita esclavos          (pero como el consumo carece de orientación política, nadie se preguntará si su iPad está manchado de sangre          y además la gente ya tiene bastante con sus propios problemas:

impotencia sexual
retención de líquidos por estrés
cómo disminuir el enrojecimiento del lifting
y cosas aún más graves como el casero tocando a la puerta)

así que después de la reunión todo mundo pone manos a la obra          (y los compradores nos ponemos muy contentos)          Apple, por ejemplo, diseña un plan para alcanzar la producción de 2.5 millones de iPads por mes para fin de año          ¡pero ahora parece que la compañía podría alcanzar esa cifra mucho antes de lo pensado!          ¿y cómo, en una economía paralizada, han conseguido semejante hazaña?          leo un artículo en The Guardian sobre las condiciones de trabajo en las dos plantas más grandes de Apple en China, donde los obreros

trabajan más de 98 horas extra al mes
descansan sólo un día cada trece
son humillados públicamente cuando se equivocan
tienen prohibido levantarse al wc sin un permiso especial
descansan hacinados en dormitorios colectivos
y una novedad: son obligados a firmar una carta donde se comprometen a no suicidarse

en la economía de consumo también las personas se vuelven desechables          ¿y qué hay de malo en ello?          pero quitarse la vida, ¡eso sí que es inmoral!          sobre todo cuando la economía de mercado nos pide un sacrificio para resucitar de sus cenizas          suicidarse es inmoral y es sucio          porque los suicidas son como bombas humanas en medio de los aires del consenso          y dejan todo hecho un batidero          como el que dejaron los albañiles chinos en las baldosas públicas después de lanzarse desde la cima de los estadios y pabellones deportivos a medio construir, en la víspera de las Olimpiadas          llevaban seis meses trabajando a marchas forzadas para terminar un piso por día          (el espectáculo no puede esperar)          pero debían morderse las uñas durante seis meses para recibir un sueldo ínfimo         sus impecables y desesperados saltos sobre el vacío no aparecieron en la primera plana de los diarios          como sí lo hicieron las imágenes de los clavadistas chinos, que emergían de las albercas entre aplausos

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pero también ellos eran sometidos a una presión inhumana             Hu Jia, un medallista chino, declaró tres semanas antes de competir en Beijing que la extraordinaria presión a la que estaban sometiéndolo sus entrenadores le había provocado una repentina ceguera          como no deseaba arriesgarse a perder la vista por completo, anunciaba su retiro de la justa olímpica          pero tres semanas después, Hu Jia estaba compitiendo contra los mejores clavadistas del mundo ¡más duro que nunca!  :(

(me pregunto qué habrá pasado para que Hu Jia cambiara de opinión          pero, sobre todo, ¿qué pasaba con el mundo entero ante el espectáculo de toda esa miseria?          ¿atravesaba también por un periodo de repentina ceguera?)

China (el imperio del futuro que ya es el de hoy) se ha convertido en el laboratorio del fin de los tiempos          el lugar donde se pone a prueba (y con qué éxito) lo peor de los dos mundos: el comunismo totalitario y el capitalismo salvaje          como perspectiva, se divisa desde ahí un solo horizonte: una concentración de malas apuestas que se imponen como única verdad          es cierto que en China un libro como éste sería quemado por la censura         aquí, en cambio, lo hará por el sistema de novedades           (eso no me deja tranquila)             porque mientras sean los chinos quienes exploten a su mano de obra ultra barata          mientras sean ellos los que repriman y violen los derechos humanos, los países industrializados de Occidente pueden seguir durmiendo sin remordimientos bajo el sueño de su hipócrita tolerancia          creo que fue Frédéric Beigbeder, en su violenta denuncia del mundo de la publicidad (13’99 €) quien escribió: en un escenario así, incluso la libertad resulta impotente

es comprensible que en una realidad perfecta en la que nadie sufre o pasa hambre, la gente no se pregunte nada          lo asombroso es que en un mundo tan imperfecto como el nuestro, con millones de personas desempleadas            crisis ecológica          crisis social             crisis financiera           (no seguiré con la enumeración o me tacharán de amarillista)           la población mundial se siga bebiendo a diario todo el arsénico que pasa por mermelada en la televisión

(volvemos después de una pausa publicitaria)

desfilan por la pantalla una sucesión de imágenes paradisíacas:          playas con sol crepuscular          campos algodoneros llenos de campesinos sonrientes          cascadas y litorales          vistas panorámicas de montañas y bosques          corte a: fábricas manufactureras con obreros esmerados en un ambiente impoluto          Y luego: escenas de la Bolsa en un día de buenas negociaciones          una voz en off dice:           

EN SHENZHEN Y EN CIUDAD JUÁREZ, EN CHIMALTENANGO Y EN EL GRAN CARIBE SE EXTIENDEN LAS ZONAS FRANCAS DE NUESTRO PORVENIR: EL PLANETA AZUL CONVERTIDO EN UNA ÚNICA Y ENORME EMPRESA          ¡Y CON PRIVILEGIOS DE LOCURA!          ¡VENGA E INVIERTA EN ESTE TERRITORIO SIN IMPUESTOS, SIN CONTROLES AMBIENTALES, SIN BARRERAS ÉTICAS, CON SUELDOS DE MISERIA QUE NADIE RECHAZARÁ PORQUE AHÍ NO HAY SUELDOS MEJORES!          ¡Y PUEDE SACAR EL DINERO DEL PAÍS CUANDO QUIERA!       

(fin del comercial, y una frase en letras pequeñas de Raoul Vaneigem: el humor negro y lo atroz también entran en la ensalada publicitaria)

servidumbre: así se explica el milagro económico de China que es el éxito de la maquila que es el éxito del Nuevo Orden Económico          países sin derechos que se vuelven capataces ideales para las fábricas de los países con derechos          ¡y todos ven a China como un ejemplo a seguir!          (en el radio he oído afirmar, al mismo conspicuo analista financiero del que hablé antes, que China está salvando al mundo)       dirán que simplifico, pero es la vieja historia de siempre           entonces, ¿para qué hablar una vez más de ella?            si la vida es tan breve, ¿por qué desperdiciarla cuestionando todos los días el estado de cosas?          ¿no escribes esto ahora mismo sobre una Mac manchada de sudor chino?          ¿no te querrás convertir en una de esas escritoras demagogas que denuncia los sufrimientos de los trabajadores magrebíes mientras le grita a la sirvienta (que no tiene cobertura social) que sacuda el estéreo con cuidado, por favor?

lo que me sucede es simple: no puedo seguir pretendiendo que no sé          cantar las glorias del iPad después de husmear en las siniestras fábricas contemporáneas me parece, por lo menos, incómodo           porque no sólo hay una promesa incumplida detrás de la crisis global          (la promesa de que la felicidad de los mercados traería consigo la felicidad de los humanos en una derrama interminable de pura felicidad) (trickle-down!  trickle-down!)           ahí también hay una simpleza sin ética que se ha convertido en una forma solapada de crueldad          por otro lado: no voy a pedir disculpas por tener el vicio de la escritura          (la manía de indagar qué hay detrás de una apariencia encantada y feliz, qué oscuridad (qué violencia secreta) nos hace sonreír frente a una pantalla con tecnología multitouch)          ¿será que la desrealización del mundo (su conversión en espectáculos y bytes) se ha llevado también consigo nuestra capacidad de indignación?         no es raro que la sociedad se haya vuelto insensible frente a su propia capacidad destructora          después de todo, las reformas educativas (en México y el mundo) tienden a suprimir casi todas las horas dedicadas a pensar en los otros (es decir, a reflexionar críticamente desde unos valores humanistas que hacen agua por todas partes)          los Institutos Benjamenta de la Crisis practican la fórmula contraria: la adhesión de sus discípulos (su suave integración al mercado) para que ejerzan funciones técnicas sin preguntarse por qué se sienten cansados          por qué no duermen bien          por qué tienen miedo siempre

(yo tengo la maldita          la agotadora manía          de hacerme preguntas a cada rato)

tal vez los consumidores no sean los responsables directos de los abusos a las mujeres que trabajan en las maquilas de Ciudad Juárez          tal vez ni siquiera estén enterados (the less you know, the better off you are)            pero en su desentendimiento se esconde una frialdad (una cauterización de la empatía) que sólo puede prefigurar horrores como el silencio colectivo frente a un desierto (el de Juárez) poblado de cadáveres de mujeres mutiladas         tengo la impresión de que esta sociedad de zombies (para la que no hay vida más allá de la caja registradora) colabora todos los días con su indiferencia al dominio del dogma, según el cual, el neoliberalismo puede imponer cuotas de miseria y sangre sin que nadie se atreva a llamarlas irresponsables o, incluso, brutales           esa sorprendente paralización, ya no digamos de la crítica, sino incluso de los sentimientos, esa forma en que una masa de consumidores mudos y trabajadores dóciles permanece desmovilizada frente a su propia ruina emocional, perfila peligrosamente el mundo hiper violento en el que ya vivimos

lo impresionante no es que los banqueros no quieran perder su riqueza, sino que los martirizados por el colapso general sigan guardando silencio en medio de una imperturbable apatía          ¿por cuánto tiempo?          ¿o será ese silencio el preámbulo que precede al estallido?

(si abre la ventana, los verá acampando en Zucotti Park          son los Occupy Wall Street          los sindicatos de Wisconsin          los indignados españoles          los estudiantes chilenos          los estudiantes mexicanos          son la señora Wagner el día que decidió escribir una pancarta y la srita. Bailey cuando dejó de simular que trabajaba          son el 99% que ha sido nulificado por la crisis y se comunica con megáfono y por internet para decirle al 1% restante (los autores de la crisis) que será llamado a cuentas)

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(aquí debería continuar este alegato, pero he ido a tomar un baño de agua caliente para pensar)

sé que hundo el dedo en una herida a punto de infectarse          una herida personal (que cada quien indague en la suya) que tiene que ver con algo que no sabía hasta que comencé a escribir este contraensayo          necesitaba penetrar en mi propio desencanto (en mis propias contradicciones)          tocar el fondo de las ilusiones perdidas con información          (rehuir el melodrama a favor de la rabia legítima)          y al mismo tiempo, necesitaba entender mi incapacidad para aceptar las bajezas cotidianas, esa forma de no sentirme en mi propio pellejo cada vez que entraba en una hiper tienda o me subía al bioshaker de mi tía          (una vez, ese aparato de tortura me sacó una llaga)          un desencanto indócil          una necesidad de encontrar aire respirable en medio de la gran tristeza del capitalismo          (he renunciado a muchos trabajos fijos          he tenido innumerables trabajos temporales          he pasado algunas mañanas sin nada que hacer             en cierto momento simplemente decidí que no quería que mi currículum          (y mi  putrefacción futura)          usurpara el lugar de mi vida presente          y escribí este panfleto para poder seguir escribiendo          algo tan simple (tan delicado) como eso)

¿no hay en el fondo una vocación suicida en la esperanza de salvar a la civilización  (nuestras democracias simuladas, nuestro tedioso bienestar, nuestra capa sin ozono, nuestro campo sin agricultores, nuestras vacas con antibióticos y nuestros cerdos con clembuterol) conduciéndola a toda velocidad hacia su muerte clínica?          ¿es eso lo que nos han vendido?          ¿es eso o nada?

pues bien          (puestos a elegir)          yo prefiero nada          yo prefiero decir: HOY NO VOY A TRABAJAR          hoy me voy a quedar en la cama hasta mediodía y me voy a poner a pensar en lo que sea          nadie me amenazará con el despido          me despediré voluntariamente          no cuenten conmigo          ni con mi pluma para contar otra historia lineal con una fórmula archisabida          o para guardar silencio como si me encontrara frente a una multitud de seres inexistentes          no seré un agente más de la propagación del cinismo ideológico y conformista de un mundo que se ha vuelto espectador de su propia agonía         (hay tantos que se dedican a eso)          tampoco me interesa contribuir al descerebramiento general           me quedaré en la cama, mi primer laboratorio de saneamiento de la vida cotidiana          desde aquí tal vez sea posible invertir la perspectiva          o reclutar un pequeño escuadrón de Bartlebys          (mi cama como campo de batalla)

mejor no hacer nada que implicarse en actos localizados cuya función última es hacer funcionar más suavemente al sistema          

poner un pie fuera del sistema para luego ingresar de nueva cuenta a él (para hackearlo)          es decir, para penetrar al fondo de su sofisticación, de su enorme poder para hechizarnos y volvernos increíblemente manipulables          no es un sistema infalible: es posible desmontarlo          (los hackers lo hacen todos los días)          lo mismo que sucede con la gramática          John Cage solía decir que si la sintaxis, la forma en que se organiza una frase, es idéntica a la forma en que se organiza un ejército, era necesario desmilitarizar el lenguaje          ¿cómo?          quebrantando el discurso           aniquilando la sintaxis          desconociendo todo principio de propiedad intelectual          convirtiendo la página en zona minada          con sus frases inconclusas          con sus dilemas abriéndose paso en medio de una idea          (y creo que la muerte no es un paréntesis)          con intrusiones desmesuradas          (y huecos)          con el murmullo incesante de las transmisiones electrónicas          con la apropiación de las frases subrayadas, leídas y releídas         con ese ruido de fondo aturdidor

si deseamos sinceramente no reforzar el encierro, tenemos que dimitir para no vivir ese momento al que la máquina nos obliga          hay que negarse a obedecer, hasta abandonar el puesto           hasta el despido

a veces es necesario hackear al sistema (del lenguaje) para seguir escribiendo          desertar para configurar un espacio (la escritura) liberado de toda esa humillación de los llamados al orden          un filibusterismo verbal que no reconoce a las autoridades legítimas